Antes de empezar, te invito a hacer un ejercicio. Pon una mano sobre tu pecho. Ahí está tu corazón. En unos segundos habrá latido unas diez veces cuando corra un maratón.
Ahora imagina que ese mismo corazón tendrá que latir entre 150 y 180 veces por minuto durante cuatro, cinco o incluso seis horas seguidas, mientras tus piernas soportan miles de impactos y tu cerebro lucha por convencerte de no detenerte.
Eso es un maratón. No es una carrera larga. Es uno de los mayores desafíos fisiológicos que puede enfrentar el cuerpo humano. Y, sin embargo, miles de personas lo consiguen cada año.
¿Cómo es posible?
La respuesta no está únicamente en la fuerza de voluntad. Está en la extraordinaria capacidad que tiene el cuerpo para adaptarse cuando se entrena de manera inteligente.
Una revisión científica publicada en Sports Medicine en 2025 analizó 329 investigaciones realizadas en corredores de maratón. Su conclusión fue contundente: prácticamente todos los órganos del cuerpo cambian durante un maratón. La diferencia entre disfrutar la experiencia o poner en riesgo tu salud no suele ser la genética, sino la preparación previa.
¿Qué le pasa a tu cuerpo cuando corres un maratón? La ciencia detrás de los 42.195 kilómetros
Un maratón comienza mucho antes del disparo de salida. Empieza el día que decides entrenar. Porque aunque el maratón dura unas cuantas horas, tu cuerpo lleva meses preparándose para soportar una carga para la que no fue diseñado de manera natural.
Durante 42.195 kilómetros trabajan al mismo tiempo el corazón, los pulmones, los músculos, el cerebro, los riñones, el sistema inmunológico y el metabolismo. Cada uno enfrenta un reto diferente y, al mismo tiempo, todos colaboran para que puedas seguir avanzando.
Tu corazón trabaja como nunca antes
El corazón es el motor de un maratón. Durante la carrera puede mantener una frecuencia de entre 150 y 180 latidos por minuto durante varias horas, enviando miles de litros de sangre para abastecer de oxígeno a los músculos.
Este esfuerzo es tan grande que, al terminar la prueba, muchos corredores presentan un aumento temporal de troponina cardíaca y NT-proBNP, biomarcadores utilizados en los hospitales para detectar estrés del músculo cardíaco.
¿Significa eso que correr un maratón daña el corazón? No.
Un metaanálisis publicado en 2025, que reunió información de 69 estudios con 3,274 maratonistas, encontró que estos cambios forman parte de una respuesta fisiológica normal en corredores sanos y desaparecen conforme avanza la recuperación. Es decir, el corazón trabaja al límite… pero también sabe recuperarse cuando ha sido entrenado para hacerlo.
Tus piernas absorben toneladas de impacto
Muchas personas creen que el mayor reto del maratón es quedarse sin aire. La realidad es otra. Cada vez que tu pie toca el suelo, tus piernas absorben una fuerza equivalente a entre dos y tres veces tu peso corporal.
Si pesas 60 kilos, cada apoyo representa entre 120 y 180 kilos de carga. Ahora multiplícalo por aproximadamente 40,000 pasos.
Eso significa que, durante un solo maratón, tus músculos soportan miles de toneladas de carga acumulada. No es extraño que al terminar sientas las piernas completamente agotadas.
Los análisis de sangre muestran aumentos muy importantes de creatina quinasa (CK) y mioglobina, proteínas que indican microlesiones musculares provocadas por el esfuerzo. Lejos de ser una mala noticia, esas pequeñas lesiones son precisamente el estímulo que obliga al organismo a reconstruir el músculo más resistente que antes.
Por eso el entrenamiento no termina al cruzar la meta. Continúa durante la recuperación.
El famoso “muro O PARED” empieza en el cerebro
Muchos corredores describen el kilómetro 30 con una frase muy parecida: “Mis piernas ya no respondían.”
Durante años se creyó que todo ocurría en los músculos. Hoy sabemos que el cerebro también juega un papel decisivo. Conforme disminuyen las reservas de glucógeno, aumenta la percepción del esfuerzo. El cerebro intenta proteger al organismo reduciendo la capacidad de mantener la intensidad.
Por eso dos personas con una condición física similar pueden vivir un maratón completamente diferente dependiendo de su estrategia de ritmo, alimentación e hidratación. El muro no aparece de repente. Es el resultado de múltiples sistemas llegando poco a poco a su límite.
Tus riñones también corren un maratón
Pocas personas piensan en ellos. Sin embargo, los riñones trabajan intensamente durante toda la carrera.
La deshidratación, el aumento de la temperatura corporal y la redistribución del flujo sanguíneo hacia los músculos hacen que reciban menos sangre durante varias horas.
Las investigaciones muestran que entre 30 y 80% de los maratonistas presentan criterios temporales de lesión renal aguda inmediatamente después de la carrera.
La buena noticia es que, en corredores sanos, estos cambios suelen revertirse entre las siguientes 24 y 48 horas con hidratación y recuperación adecuadas.
Tu sistema inmunológico baja la guardia
Después del maratón muchas personas sienten que “se enfermaron por correr”. No es una coincidencia.
Las investigaciones describen un fenómeno conocido como ventana inmunológica, un periodo de varias horas en el que disminuye temporalmente la actividad de algunas células encargadas de defender al organismo mientras aumentan hormonas del estrés como el cortisol.
Dormir bien, comer suficiente y respetar los días de recuperación ayuda a que el sistema inmune vuelva a la normalidad.
¿Qué ocurre específicamente en las mujeres?
En los últimos años la ciencia ha comenzado a estudiar con mayor profundidad cómo responde el organismo femenino al maratón, y los resultados son fascinantes.
Las mujeres administran mejor su combustible
Los estrógenos favorecen un mayor uso de grasa como fuente de energía durante esfuerzos prolongados. Esto permite conservar mejor las reservas de glucógeno y retrasar la fatiga cuando el ritmo está bien controlado. No significa que el maratón sea más fácil para las mujeres, pero sí que su metabolismo funciona de manera diferente.
Se “TOPAN” menos contra el muro
Un análisis de más de 870,000 corredores del Maratón de Berlín encontró que los hombres tienen casi el doble de probabilidades de reducir drásticamente su ritmo en la segunda mitad de la carrera.
Los investigadores creen que esto se debe a una combinación de mejor utilización de grasas y estrategias de ritmo más conservadoras por parte de las mujeres.
La energía disponible importa más de lo que imaginas
Uno de los mayores riesgos para una corredora no siempre está en la carrera, sino durante la preparación. Entrenar durante meses sin consumir suficientes calorías puede provocar Deficiencia Relativa de Energía en el Deporte (RED-S), una condición reconocida por el Comité Olímpico Internacional.
Sus consecuencias incluyen alteraciones del ciclo menstrual, disminución de los niveles de estrógenos, pérdida de densidad ósea, mayor riesgo de fracturas por estrés y un peor rendimiento deportivo.
En otras palabras, entrenar mucho y comer poco nunca es una estrategia inteligente para preparar un maratón.
El hierro puede marcar la diferencia
Las mujeres tienen mayor riesgo de presentar deficiencia de hierro debido a las pérdidas menstruales y al enorme incremento de las demandas del entrenamiento. Incluso una disminución moderada de las reservas de hierro puede afectar el transporte de oxígeno, aumentar la fatiga y dificultar la recuperación.
Por eso muchos especialistas recomiendan vigilar este nutriente durante la preparación para un maratón.
Entonces… ¿vale la pena correr un maratón?
Absolutamente. Pero la ciencia deja una enseñanza muy clara. Los beneficios del maratón no ocurren porque un domingo recorriste 42.195 kilómetros. Ocurren porque pasaste meses enseñándole a tu cuerpo a adaptarse.
Cada entrenamiento fortaleció tu corazón.
Cada fondo hizo más resistentes tus músculos.
Cada sesión enseñó a tu cerebro a tolerar mejor el esfuerzo.
Cada día de descanso permitió reparar el daño para volver más fuerte.
Por eso un maratón nunca debería correrse “por diversión” o “a ver qué pasa”.
La evidencia muestra que intentarlo sin preparación aumenta el riesgo de lesiones musculares, fracturas por estrés, hiponatremia, problemas gastrointestinales y complicaciones renales.
Entrenar no solo mejora tu tiempo.
Entrenar protege tu cuerpo.
Porque la verdadera hazaña de un maratón no es cruzar la meta, es llegar a ella con un organismo capaz de soportar uno de los esfuerzos más extraordinarios que puede realizar un ser humano.
Si quieres entrenar para un maratón, no dudes en unirte a nuestro equipo de entrenamiento personalizado Soy Corredora Squad. Escríbenos en redes sociales a manda un mensaje a [email protected]

