Una investigación con 22 corredores altamente entrenados encontró una diferencia llamativa después de tres horas de ejercicio: las mujeres mostraron una pérdida de rendimiento mucho menor que los hombres. El hallazgo abre una pregunta sobre el metabolismo, la fatiga y la capacidad de sostener el esfuerzo.
Durante mucho tiempo, la conversación sobre las diferencias entre hombres y mujeres en el running ha girado alrededor de la velocidad.
Quién tiene mayor VO₂max. Quién corre más rápido un maratón. Quién posee mayor capacidad aeróbica pero existe otra característica del rendimiento que está despertando el interés de los investigadores y que podría ayudarnos a entender mejor lo que sucede cuando acumulamos kilómetros: la durabilidad.
En términos sencillos, la durabilidad describe qué tanto consigue un corredor conservar sus capacidades fisiológicas y su rendimiento conforme aumenta la fatiga durante un esfuerzo prolongado porque una cosa es saber qué tan rápido puedes correr cuando estás descansaday otra muy diferente es descubrir cuánto de esa capacidad conservas después de tres horas de ejercicio.
Una investigación publicada en Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports analizó esta cuestión comparando a mujeres y hombres altamente entrenados.
El dato que llamó la atención fue contundente: una pérdida de rendimiento cercana al 1% entre las mujeres frente al 10% entre los hombres, según el resultado destacado del estudio.
La pregunta es inevitable.
¿Podría existir una ventaja femenina para conservar el rendimiento conforme se prolonga el esfuerzo?
22 corredores y una pregunta diferente sobre la resistencia
La investigación incluyó a 22 deportistas altamente entrenados: 11 mujeres y 11 hombres, comparados por su nivel de rendimiento.
El objetivo no era simplemente determinar quién podía correr más rápido.
Los investigadores querían examinar cómo cambiaban determinadas capacidades después de acumular tres horas de ejercicio prolongado. Este enfoque es importante porque buena parte de las evaluaciones tradicionales del rendimiento se realizan cuando los deportistas están descansados.
Podemos medir su capacidad aeróbica, sus umbrales fisiológicos y su economía de carrera pero esas mediciones no siempre nos dicen cómo responderá su organismo después de varias horas de esfuerzo.
Dos corredores pueden comenzar con capacidades relativas similares y, aun así, experimentar pérdidas diferentes conforme avanza una prueba de larga duración.
Ahí es donde entra el concepto de durabilidad.
¿Qué es la durabilidad y por qué podría cambiar nuestra forma de entrenar?
Imagina a dos corredoras capaces de mantener el mismo ritmo durante una prueba corta. Ambas tienen una preparación comparable y pueden completar un entrenamiento a una intensidad similar pero después de dos horas y media de ejercicio, una de ellas necesita aumentar considerablemente su esfuerzo para sostener la velocidad.
La otra consigue mantenerla con menor deterioro de sus capacidades. Esa diferencia es precisamente el tipo de fenómeno que estudia la investigación sobre durabilidad.
No se trata únicamente de cuánto rendimiento tienes al principio, se trata de cuánto rendimiento conservas cuando aparece la fatiga.
Este concepto resulta especialmente relevante para el maratón y el ultramaratón, donde los últimos kilómetros se corren bajo condiciones fisiológicas muy distintas a las de la salida y plantea una cuestión interesante para el entrenamiento femenino: ¿podrían existir diferencias entre sexos en la forma en que se desarrolla esa fatiga?
Lo que encontraron: las mujeres conservaron mejor su velocidad
El protocolo fue exigente. Los participantes realizaron una prueba incremental, una contrarreloj de 12 minutos en subida estando descansados y una sesión de 180 minutos en caminadora a intensidad moderada.
Durante esa sesión prolongada realizaron nuevas contrarrelojes de 12 minutos cada hora, con una pendiente del 12%. Al comparar el rendimiento con la prueba inicial, los investigadores encontraron que, después de tres horas, la velocidad de las mujeres había disminuido aproximadamente un 1%, mientras que la de los hombres había caído un 10%.
Este resultado no significa que las mujeres completaran tres horas de carrera un 9% más rápido que los hombres. Lo que se midió fue cuánto disminuyó la velocidad en una prueba específica realizada bajo fatiga, respecto del rendimiento individual inicial.
Y hay otro detalle: durante el experimento los hombres recorrieron, en promedio, 42 ± 3 kilómetros, mientras que las mujeres completaron 36 ± 3 kilómetros. Aunque los grupos estaban emparejados por nivel relativo de rendimiento, no corrieron exactamente la misma distancia ni tuvieron el mismo gasto energético.
Esa diferencia debe considerarse al interpretar los resultados. Los propios investigadores señalan que hace falta comprobar qué ocurre cuando ambos grupos completan distancias equivalentes.
Primera explicación: el metabolismo no respondió igual
Una de las diferencias más interesantes apareció en la utilización de carbohidratos. Después de tres horas, la tasa de oxidación de carbohidratos había disminuido aproximadamente un 29% en los hombres y un 9% en las mujeres durante el ejercicio a intensidad constante.
En ambos grupos se observó un desplazamiento hacia una mayor utilización relativa de grasas conforme avanzaba el esfuerzo, pero el cambio fue más pronunciado entre los hombres. Esto es relevante porque los carbohidratos constituyen un combustible fundamental para sostener intensidades elevadas.
Sin embargo, no debemos interpretar el resultado como prueba de que las mujeres nunca agotan sus reservas de glucógeno o de que necesitan menos carbohidratos durante un maratón.
El estudio observó diferencias en la utilización de combustibles, no demostró que las mujeres puedan prescindir de una estrategia nutricional.
Segunda explicación: las mujeres mostraron mayor resistencia a la fatiga muscular
La investigación también evaluó la fuerza máxima isométrica de los músculos extensores de la rodilla. Los resultados indicaron una mayor conservación de esta capacidad entre las mujeres.
Esto aporta otra pieza a la explicación: la durabilidad no depende exclusivamente del metabolismo energético. También importa cómo responden los músculos después de acumular miles de contracciones.
La capacidad de mantener fuerza bajo fatiga podría influir en cuánto rendimiento consigue conservar una corredora cuando la duración del esfuerzo aumenta.
Los investigadores encontraron además diferencias en la respuesta de la frecuencia cardiaca y la percepción del esfuerzo, compatibles con una mayor resiliencia fisiológica femenina en las condiciones estudiadas.
¿Y qué pasó con la técnica de carrera?
Aquí aparece un resultado que evita una interpretación demasiado sencilla. Aunque las mujeres conservaron mejor su rendimiento en las contrarrelojes, la economía de carrera se deterioró de forma similar en ambos grupos.
También hubo cambios biomecánicos tanto en hombres como en mujeres. Por ejemplo, durante el ejercicio a intensidad constante, las mujeres mostraron un mayor aumento del tiempo de contacto con el suelo y una mayor disminución de la rigidez de las piernas.
Por tanto, no podemos decir que las mujeres conservaran intacta su técnica mientras los hombres la perdían.
La investigación sugiere que las diferencias de durabilidad podrían estar más relacionadas con determinados factores metabólicos y neuromusculares que con una ventaja biomecánica general.
Otro estudio con 873 mil resultados apunta en una dirección interesante
Esta investigación no es la única que ha encontrado diferencias entre hombres y mujeres al correr distancias largas.
Un análisis independiente de 873,334 resultados del Maratón de Berlín entre 1999 y 2025 encontró que los hombres registraron con mayor frecuencia desaceleraciones extremas durante la segunda mitad de la carrera.
Los investigadores definieron ese fenómeno como una pérdida de velocidad del 20% o más.
Los resultados fueron:
- Hombres: 17.63%.
- Mujeres: 9.66%.
Es decir, la incidencia observada entre los hombres fue aproximadamente 1.8 veces la de las mujeres.
Aunque ambos estudios apuntan hacia una mayor estabilidad del rendimiento femenino en determinadas condiciones, no están midiendo exactamente lo mismo.
El experimento de laboratorio evaluó cambios fisiológicos y de rendimiento después de tres horas.
El estudio de Berlín analizó la distribución del ritmo en una competencia real, donde intervienen estrategia, alimentación, preparación y decisiones individuales.
Juntos plantean preguntas interesantes, pero uno no demuestra la causa de los resultados del otro.
Fuente: Estudio del Maratón de Berlín, Scientific Reports (2026).
¿Esto significa que las mujeres somos mejores para las largas distancias?
No necesariamente. La investigación de laboratorio incluyó únicamente 22 deportistas, todos altamente entrenados. Además, los grupos recorrieron distancias diferentes durante el protocolo, y la evaluación de rendimiento se realizó en subida, no en una carrera de asfalto. Tampoco podemos extrapolar directamente estos resultados a mujeres principiantes, corredoras recreativas o todas las distancias de competición.
La fisiología femenina puede ofrecer ciertas características favorables para resistir la fatiga prolongada, pero el rendimiento también depende de la capacidad aeróbica, la fuerza, el entrenamiento, la nutrición y muchas otras variables.
Que un grupo de mujeres conserve mejor su rendimiento en determinadas condiciones no significa que todas las mujeres tengan más resistencia que todos los hombres.
¿Qué podemos aprender de esto para nuestro entrenamiento?
La primera lección es que medir nuestro rendimiento únicamente cuando estamos descansadas puede contar una historia incompleta.
Para una corredora que prepara un medio maratón o un maratón, importa tanto desarrollar su capacidad aeróbica como aprender a sostener el esfuerzo conforme aumenta la fatiga.
Eso implica entrenar progresivamente la resistencia, realizar sesiones largas adecuadas al objetivo, desarrollar fuerza y practicar la estrategia de alimentación.
También significa comprender que dos corredoras con marcas similares en distancias cortas pueden responder de manera diferente cuando aumenta la duración y que esas diferencias merecen ser consideradas en la planificación individual.
El estudio no probó un programa de entrenamiento para mejorar la durabilidad, así que no podemos extraer de él una receta específica. Pero sí refuerza la importancia de investigar el rendimiento en condiciones de fatiga y no solamente al inicio del ejercicio.
Nuestra conclusión: quizá todavía sabemos mucho menos del rendimiento femenino de lo que creíamos
Durante décadas, gran parte de la investigación deportiva se construyó alrededor de parámetros tradicionales del rendimiento. VO₂max, umbral de lactato, economía de carrera y velocidad. Todos siguen siendo fundamentales, pero ahora la ciencia está prestando atención a otra pregunta:
¿Qué sucede con esas capacidades después de dos o tres horas de ejercicio?
El estudio de Jaén-Carrillo y sus colaboradores encontró que, en un pequeño grupo de corredores altamente entrenados, las mujeres conservaron mejor su velocidad y mostraron una mayor resiliencia en determinadas respuestas metabólicas y neuromusculares.
Es un hallazgo prometedor, no una respuesta definitiva. Y quizá ahí está lo más interesante para Soy Corredora.
No necesitamos demostrar que las mujeres somos superiores a los hombres para reconocer que nuestra fisiología merece ser estudiada con mayor profundidad, necesitamos comprender mejor cómo respondemos al entrenamiento, qué características pueden favorecer nuestro rendimiento y cuáles son nuestras necesidades específicas.
Quizá todavía sabemos mucho menos del rendimiento femenino de lo que creíamos y ya es hora de seguir investigándolo.