No siempre quiero correr, pero siempre me siento mejor cuando lo hago

Hay algo que nadie te dice cuando empiezas a correr: no todos los días vas a querer hacerlo.
Hay días en los que el cuerpo pesa, la mente está saturada y la motivación brilla por su ausencia. Y eso es completamente normal.
Sí, incluso después de más de 30 años corriendo, a mí también me pasa. Pero te voy a decir algo que es muy real para mí y para muchas mujeres corredoras que conozco: nunca me he arrepentido de haber salido a correr , aunque me haya costado.
¿Por qué? Porque correr tiene un efecto poderoso sobre nuestra mente y emociones. Cuando corres, liberas endorfinas, dopamina y serotonina: neurotransmisores que están directamente ligados a la sensación de felicidad, calma y motivación. De hecho, diversos estudios han demostrado que correr mejora el estado de ánimo, reduce el estrés y ayuda a combatir la ansiedad . Es como si tu cuerpo te dijera: “gracias por elegirme hoy” .
Mi consejo para ti, si estás empezando a correr o si estás pasando por una racha baja, es este: no pienses en el gran entrenamiento. Piensa en salir 10 minutos. Solo eso. A veces no necesitas más. Muchas veces esos 10 minutos se convierten en 20, en 30… y al final te sientes renovadas.
Correr no siempre es fácil. Pero siempre, siempre, vale la pena.
Y si hoy no puedes correr, camina. Muévete. Hazlo por ti.
Hazlo porque tú también mereces sentirte bien contigo misma.