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asi de ve el síndrome de la impostora en las corredoras

Por qué tantas mujeres se sienten un fraude aunque lleven kilómetros en las piernas — y cómo salir de esa trampa mental.

¿Te suena alguna de estas frases?

“Yo no soy corredora de verdad, solo troto un poco.”

“No debería ir a esa carrera, hay gente que corre de verdad.”

“Si me ven llegar la última, van a pensar que no sé correr.”

“Tengo suerte, no es que sea buena.”

“Cuando consiga bajar de X tiempo, entonces sí me consideraré corredora.”

Si alguna de estas frases resonó en ti — si la guardaste en algún lugar de tu pecho porque la has pensado o dicho — este artículo es para ti.

Lo que describes tiene nombre: síndrome de la impostora. Y en el mundo del running femenino, es más común de lo que imaginas.

Qué es el síndrome de la impostora

El síndrome de la impostora es un fenómeno psicológico en el que una persona se siente incompetente, fraudulenta o no merecedora de sus logros, a pesar de la evidencia objetiva que contradice esa percepción. No es modestia. No es realismo. Es un sesgo cognitivo que distorsiona cómo te ves a ti misma.

El término fue acuñado en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes, que lo identificaron inicialmente en mujeres con alta formación académica. Desde entonces, décadas de investigación han confirmado que afecta a personas de todos los géneros y ámbitos — pero que las mujeres lo experimentamos con mayor frecuencia e intensidad, especialmente en espacios que históricamente han sido dominados por hombres.

El running, durante décadas, fue uno de esos espacios.

70%  de las personas han experimentado el síndrome de la impostora en algún momento de su vida

Por qué el running es terreno fértil para la impostora

El running tiene características particulares que alimentan perfectamente el síndrome de la impostora, especialmente en mujeres:

La tiranía de los números

El running es uno de los deportes más cuantificables que existen. Ritmo por kilómetro, tiempo en 5K, frecuencia cardíaca, zonas de entrenamiento. Todos esos números crean una jerarquía implícita y permanente donde siempre hay alguien más rápida, con mejores datos, con tiempos más impresionantes.

Para una mente con tendencia a la impostora, esa jerarquía no es motivación: es evidencia constante de que “no eres suficiente”.

Las redes sociales y la comparación permanente

Instagram, Strava, TikTok. Ver las carreras, los tiempos y los cuerpos de otras corredoras de forma continua alimenta la comparación. Y la comparación, cuando la procesa una mente impostora, siempre arroja el mismo resultado: ellas son reales; yo soy un fraude.

La narrativa cultural del atletismo

Durante generaciones, las imágenes de “corredoras de verdad” en los medios fueron de elite: delgadas, veloces, competitivas. Las mujeres que corren 8 minutos por kilómetro, que mezclan correr y caminar, que hacen su primer 5K a los 45 años — esas mujeres no estaban en esa narrativa. Y cuando no te ves representada, concluyes que no perteneces.

La cultura del mérito extremo

El running amateur ha desarrollado una cultura donde el mérito se mide en sacrificio y sufrimiento. “Entreno todos los días aunque llueva”, “corrí 40 km esta semana”, “me levanté a las 5am”. Si no estás en ese extremo, la impostora concluye que no te lo tomas en serio.

“La comparación es el ladrón de la alegría. Y en el running, el robo ocurre en cada kilómetro que miras el reloj de otra.”

Las cinco caras de la impostora runner

La investigadora Valerie Young identificó cinco “tipos” de impostora. En el running, se manifiestan así:

La perfeccionista

Establece estándares imposibles para ella misma. Si la carrera no fue perfecta — si caminó en algún tramo, si no llegó al tiempo objetivo, si no se sintió bien — lo considera un fracaso total. Nunca está satisfecha con lo que logra.

La experta

Siente que no puede participar en grupos de running, hablar de entrenamiento o registrarse en una carrera hasta que no sepa todo lo que hay que saber. “Cuando entienda bien la nutrición deportiva, los planes de entrenamiento y la biomecánica, entonces sí estoy lista.”

La supermujer

Necesita ser la mejor en todo simultáneamente: la mejor madre, la mejor profesional, la mejor corredora. Si el running “compite” con otras obligaciones y elige el running, siente culpa. Si elige las otras obligaciones y no corre, siente que no se toma el deporte en serio.

La genio natural

Si algo no le sale bien a la primera, concluye que no tiene talento. Si lleva tres semanas de plan de entrenamiento y todavía jadea al subir cuestas, piensa que “no es de las que pueden correr”. No comprende que el progreso siempre es no-lineal.

La solitaria

Prefiere no pedir ayuda, no unirse a grupos, no preguntar dudas en foros — porque revelar lo que no sabe confirmaría, en su mente, que es un fraude. Aprende sola, sufre sola y concluye sola que no es suficiente buena.

El ciclo que mantiene viva a la impostora

El síndrome de la impostora funciona en bucle:

  1. Surge un desafío o logro (una carrera, un nuevo récord personal, un grupo de running)
  2. Aparece la ansiedad: “no estoy a la altura, me van a descubrir”
  3. Respuesta: o bien sobresfuerzo (prepararse demasiado para “compensar”) o bien evitación (no ir, no registrarse, no intentarlo)
  4. Si tiene éxito: “fue suerte” o “era fácil”. Si fracasa: “lo sabía, no soy de las que pueden”
  5. El bucle se reinicia, con la creencia de impostora reforzada

Lo cruel del mecanismo es que tanto el éxito como el fracaso alimentan al monstruo. La impostora siempre encuentra una forma de interpretar la evidencia a su favor.

La verdad sobre lo que te hace corredora

Necesitamos decir esto con toda la claridad posible:

Eres corredora si corres. Punto.

No necesitas un tiempo mínimo. No necesitas un número de kilómetros semanales. No necesitas tener un plan de entrenamiento profesional, ni haber hecho una carrera oficial, ni llevar zapatillas de carbono, ni pesar X kilos, ni tener el cuerpo de nadie en particular.

Si te pones unas zapatillas y pones un pie delante del otro más rápido que caminando — en un parque, en una cinta, en la calle a las 6am — eres corredora. La taxonomía es simple y no tiene matices.

El resto son construcciones mentales que nuestra cultura, las redes sociales y la propia impostora han instalado en tu cabeza sin pedirte permiso.

“No existe el certificado de “corredora de verdad”. La única membresía que importa es la de tus zapatillas en el asfalto.”

Herramientas prácticas para silenciar a la impostora

1. Externalizarla: ponle nombre y cara

Un recurso que usan muchas psicólogas deportivas: personifica a la impostora. Ponle un nombre ridículo. Visualízala como un personaje pequeño y bullicioso que aparece en tu hombro antes de una carrera. Cuando escuches su voz, reconócela: “Ah, aquí está Remedios otra vez, diciéndome que no soy suficiente.”

Externalizar la voz crítica la separa de tu identidad. No eres tú quien dice eso; es Remedios, y Remedios no tiene razón.

2. Registra la evidencia objetiva

La impostora odia los hechos. Lleva un registro real de tu progreso: distancias, tiempos, cómo te sentiste, qué lograste. Cuando la impostora diga “no has mejorado nada”, tienes evidencia escrita que lo contradice. Este registro no es para presumir; es para contrarrestar el sesgo cognitivo.

3. Reformula el lenguaje

Las palabras que usas sobre ti misma importan más de lo que crees. Un ejercicio:

✓ En lugar de…: “Solo troto un poco” → “Corro regularmente”

✓ En lugar de…: “No soy corredora de verdad” → “Estoy construyendo mi base de entrenamiento”

✓ En lugar de…: “Tuve suerte en esa carrera” → “Entrené bien y lo ejecuté”

✓ En lugar de…: “Hay gente mucho mejor que yo” → “Cada corredor tiene su propio camino”

4. Comparte con tu tribu

El síndrome de la impostora prospera en el silencio y el aislamiento. Cuando empiezas a hablar sobre estas inseguridades con otras corredoras, casi invariablemente descubres que las demás sienten lo mismo. La universalidad de la experiencia es uno de los antídotos más poderosos.

5. Redefine el éxito en tus propios términos

¿Qué significa para ti ser una buena corredora? No lo que dicen las revistas de running ni las influencers de Strava. Tú. En tu vida, con tus circunstancias, tus objetivos, tu tiempo disponible. Cuando defines el éxito en tus propios términos, la impostora pierde su marco de referencia.

6. El método “Incluso si”

Cuando la impostora dice “no puedo ir a esa carrera popular porque hay gente mucho más rápida”, responde con: “Incluso si soy la última en llegar, estaré cruzando la meta. Eso es real.”

Incluso si te quedas sin energía. Incluso si caminas parte. Incluso si nadie te aplaude. Eso cuenta. Eso es real. Y la impostora no puede quitártelo.

Una nota sobre la comparación y las redes sociales

Las plataformas de running — Strava especialmente — pueden ser un campo minado para las corredoras con síndrome de la impostora. Ver los kilómetros de otras, las velocidades, los logros, puede convertir una herramienta de registro en una fuente de dolor.

Algunas estrategias que funcionan:

  • Configura tu privacidad en Strava: puedes ocultar tus datos al público si la exposición te genera ansiedad
  • Sigue cuentas que te inspiren, no que te depriman: si seguir a alguien te hace sentir mal con regulara sobre ti misma, desiguala sin culpa
  • Tómate descansos de las redes durante períodos de vulnerabilidad (antes de una carrera importante, después de una mala semana)
  • Usa las redes para conectar, no para comparar: un comentario de apoyo a otra corredora hace más bien que diez minutos comparando tiempos

Cuando buscar apoyo profesional

El síndrome de la impostora, cuando es severo, puede derivar en ansiedad deportiva, abandono del deporte o impacto real en otras áreas de la vida. Si notas que:

  • La ansiedad antes de carreras o entrenamientos es paralizante
  • Evitas consistentemente situaciones de running por miedo al juicio
  • La autocrítica después de cada sesión es devastadora y persistente
  • El running que antes te daba alegría ahora te genera principalmente sufrimiento emocional

Considera hablar con una psicóloga deportiva. No como señal de debilidad, sino como la misma lógica con la que consultarías a una fisioterapeuta si te doliera la rodilla: porque mereces apoyo experto.

“Las corredoras más fuertes que conozco no son las más rápidas. Son las que aprendieron a correr sin el peso de la impostora en la espalda.”

Plan de acción: esta semana

  • Identifica a tu impostora: ¿qué voz específica escuchas? ¿Cuándo aparece con más fuerza? Escríbela.
  • Ponle nombre: elige un nombre para esa voz. Ridículo, cotidiano, lo que sea. Empieza a reconocerla como externa a ti.
  • Cambia una frase: elige una afirmación impostora que uses frecuentemente y practica su versión reformulada esta semana.
  • Documenta un logro: escribe algo que hayas logrado corriendo esta semana, por pequeño que sea. Un kilómetro más, salir cuando no tenías ganas, completar una sesión difícil.
  • Cuéntaselo a alguien: comparte esta nota con otra corredora que creas que puede necesitarla. A veces, el mejor antídoto para la impostora es saber que no estás sola.

¿Reconoces a tu impostora? Comparte esta nota con esa corredora que siempre dice “yo no soy de las que corren de verdad” 💗

En Soy Corredora creemos que todas las kilómetros cuentan. Y que tu historia merece ser contada.

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